Blogia

Castillos en el aire

...

Increíblemente hoy me levanté con ganas de conducir; y para una puñetera vez que me vuelve a pasar eso, no tengo un coche a mano.

Más sol

El sol que está haciendo estos días ME ENCANTA.
Una de las mejores cosas que se puede hacer en esta vida es escuchar canciones que te suben el ánimo mientras el sol las escucha contigo. Tranquilamente.
Lástima que no dure mucho.

Sol de infancia

Hoy hacía el día perfecto para ir a jugar a las canchas del colegio como hacíamos antes. Coger un balón de baloncesto e irnos a jugar a “menos uno” y a reirnos, y a pasarlo bien. O quizá a La Morgal porque alguien jugaba algún partido. O con las bicis. O al parque a saltar a la comba, o a la goma, o el que llegue el último a la barra se la queda…
Hoy habríamos tenido gimnasia (vale, Educación Física) en clase, habríamos llegado a casa con el chándal puesto, cogido los bocadillos y nos habríamos ido corriendo a jugar. A divertirnos. A no pensar en chorradas.
Me lo pasé muy bien siendo pequeña.
Hoy hacía el tipo de sol que me recuerda esos días.

No-normalidad

Cuando crees que la noche está siendo de lo más apagada (aunque sea carnaval y todo eso) y fría, todo cambia radicalmente en veinte minutos y te tira de espaldas.
Hoy he descubierto que en un intervalo menor de sesenta segundos el mundo, con toda su desfachatez, es capaz de ponerme delante a dos personas que actualmente tienen demasiada importancia en cierto aspecto de mi vida, haciéndome ver que todo sigue girando, y encima sentirse orgulloso de ello.
Situación:
Llegamos; caminamos; vemos a la gente bailar y divertirse; nos helamos; busco mucho, muchísimo; no encuentro; entramos a un sitio tranquilo; hablamos; pagamos; nos vamos; vemos la fiesta terminar y la gente irse.
Aquí empieza todo.
Oímos voces y gente pasándoselo bien; nos acercamos: esa voz me suena, esa voz me suena, ese sonido me está diciendo algo. Caminamos. ¿Esa persona me suena? Me suena: P..
Mi corazón gana una batalla contra sí mismo dentro de mi pecho. Me quedo parada como una estúpida, digo cosas, me confieso, me dejo ver ante quien está conmigo. “Vámonos”, no, no puedo irme y no mirarle. Alargo el momento todo lo que puedo. Me despido. Camino lo que me da tiempo en treinta segundos mientras analizo las cosas.
De golpe, como lo hace siempre, aparece H..
Mi corazón está acabando de asesinarse. Esto es demasiado.
Me río por no llorar, salto, grito, me cabreo, me odio, tiemblo y me vuelvo a cabrear mil veces.
Hubiera pasado la noche en un banco, congelándome como lo estaba haciendo, por poder quedarme mirando. Me gusta demasiado mirar.
Veo aún más cosas antes de irme.
P. con alguien, y ya no sé si es algo que está pasando de verdad o mi imaginación me la quiere armar bien armada.
Y H. solo, porque yo no cuento; y me avergüenzo por sentirme descubierta por la gente que le acompaña. Y luego pienso que me da igual; y que necesito tener algo suyo porque sino seré infeliz para siempre.
Escogí, y luego me sentí como una traidora y quise no haber dicho nada. Pero aunque me dé bastante pena, supongo que hay una parte de mí que realmente piensa eso.
Me voy, la noche se acaba, el día entero se acaba.
Y cuando te encuentras pensando que todo lo que ha pasado ahora sólo existe en tu cabeza, te para la Guardia Civil y te saca de ti misma. Y todo está siendo demasiado raro.
Probablemente nadie entienda lo importante que es para mí que pasen estas cosas (lo de la Guardia Civil no; eso sólo es una anécdota), pero de cosas como estas está hecho todo lo que tengo, que no es mucho y no es normal, pero es mío. Y la contradicción llega cuando en el momento me encanta que ocurran este tipo de cosas pero luego no me alegro por ello; porque sólo consiguen ponerme triste y cabrearme; y supongo que es porque en momentos así es cuando me doy cuenta de la realidad y de lo que estoy haciendo con todo, y eso es verdaderamente duro. No espero que sea comprensible.
Lo releo y no transmite la importancia que quería darle, pero lo escribí todo en otro sitio nada más llegar, según las palabras me saltaban de la cabeza, y ahora mismo estoy demasiado descentrada como para darle la forma que se merece. Me sirve saber cómo lo recuerdo yo.
No quiero irme a dormir. No quiero que las cosas se apaguen todavía un poco más. No quiero
nada y lo quiero todo.

P.D.: Sí, estabas. Estabas para hacer que el tiempo no fuera demasiado; aunque no de la mejor manera.

...

¿Estarás por ahí?
Espero.
Este tiempo se me hace demasiado.

Anoche

Anoche mis nervios quisieron volver a hacer de las suyas, pero creo que no les dejé; al menos no del todo. Compensamos y empatamos la noche: a ratos temblando, a ratos de lo más calmada (gracias Santa Tila), tanto que casi me duermo, literalmente.
Pero más o menos bien.
Anoche me encontré a la persona que de todas las personas que conozco, probablemente es una de las que menos me hubiera imaginado que me iba a encontrar: N. (ver post anterior); y la verdad es que me hizo muchísima ilusión. Tengo que reconocer que (“casualmente”) ayer por la mañana pensé en él, en ese mismo día, pero en otro año y en otro lugar; y no, no pensaba ni por asomo encontrarlo allí y así. Me cogió totalmente de sorpresa. A veces las sorpresas son agradables.
Anoche entré en más bares que de costumbre y conocí a más gente de la habitual.
Lo cierto es que disfruté bastante (por momentos) a pesar de mi dolor de cabeza (si cuando no es uno es otro), del frío, del sueño.
Puede que anoche resolviera parte de la causa de mis nervios (mal resuelta por cierto, pero resuelta al fin y al cabo), balbuceando y diciendo cosas sin sentido, pero eso yo ya lo sabía, y que la gente no quiera verlo de antemano no es problema mío, por lo que voy a dejar de sentirme culpable por ese tipo de cosas. Veremos lo que pasa ahora.
Anoche no estuvo nada mal a pesar de todo (a pesar de los paréntesis :)).

N.

Después de tantos años sin verte sigues estando igual. Tan guapo.
Tan tú.
De repente me devolviste situaciones de siete años atrás; veranos, fiestas, noches, la primera vez que te vi, tus pantalones de pana, música, el día que nos conocimos, pocas palabras, esa noche, manos, sonrisas.
Hacía tiempo que había dejado de pensar en ti, a pesar de que fueras mi primer relato. Y también mi primera meta.
… Miento y lo reconozco, no había dejado de pensar en ti. Puede que sí de alguna forma, pero no de otra, la más importante, la inconsciente.
No estoy triste, fuiste lo mejor de la noche y eso me alegra; igual que me alegra el no estar triste; igual que me alegra que aparecieras en algún momento. Y que te quedaras por un tiempo aunque fuera poco.
El caso es que tú también hiciste que me tuviera que parar por miedo a perder el equilibrio. Y te lo agradezco; no sabes cuánto.

Nos vamos

No me da tiempo a escribir lo que tenía pensado, porque como siempre, lo dejo todo para el final; así que mis nervios y yo nos vamos rápidamente. No tengo ni idea de lo que va a pasar, y a las únicas personas extrañas a mi círculo que me apetece ver, sé que no me las voy a encontrar. No sé si tengo ganas de salir, pero lo voy a hacer. Todo sea que no esté en casa dentro de un par de horas.
Buenas noches.

250 g no bastan

Hoy hice galletas. Salieron muy ricas. ¿Alguien quiere?

A tiempo

Se me echa el tiempo encima y si me descuido se me termina el tres.
Hoy no hice muchas cosas. Me levanté de buen humor porque mi madre también lo estaba y por lo tanto no me despertó a voces. Me pasé la mañana rellenando fechas. 5 de Febrero. 5 de Febrero. 5 de Febrero. Por lo menos estuve entretenida un rato.
Luego hice poco más en todo el día: escuché música, vi cosas, fotos, leí, pensé sobre algún tema… Nada relacionado con lo que podía poner hoy aquí; por eso el resultado.
Más tarde salí un rato a tomar algo y hablar y reírme y planear y decidir. Me gusta cuando hablas con alguien y te estas riendo continuamente; cuando es de verdad.
No tengo mucho más que decir; así que lo dejaré aquí. Por si acaso.

Tarde de cine

Hoy me fui al cine. Sola. Y aunque mi madre y mi hermana lo hagan, no es algo para sorprenderse. Siempre tuve ganas de ir sola y nunca había ido, y ahora tengo mucho tiempo libre así que debía hacerlo. Creo que empezaré a ir más a menudo.
De camino al cine me di cuenta de que la música le da otro color a las cosas.
Fui, me saqué mi entrada: una para la cuatro, y esperé hasta que abrieron las puertas. Por un momento pensé que estaría sola en toda la sala porque cada vez tomó más forma la idea de que la gente ha abandonado los cines para siempre, y eso me dio muchísima pena; pero luego escuché a alguien más pedir “una para la cuatro”, un hombre un poco extraño que me llegó a dar un poco de miedo.
Luego comprobé que las únicas personas que estaban comprando entradas solitarias eran hombres mayores con pinta de solteros, así que por un momento me sentí como uno de ellos y me dio un poco de reparo.
Entré en la sala y dejé la puerta abierta, porque pensé que si el hombre extraño me hacía algo mis gritos se escucharían mejor así; bobada enorme, porque apenas había gente en todo el cine (por lo que nadie vendría a rescatarme) y porque el hombre era bastante mayor y medía una cabeza menos que yo (aunque nunca se sabe). Me senté y esperé.
Al terminar la película estaba tan emocionada que mis manos, en un acto reflejo, casi se golpean una contra otra para aplaudir, como se hacía antes, que es una costumbre que me encantaba y que como todo en estos tiempos se ha perdido; pero no lo hicieron. Así que me quedé con las ganas y otra vez me sentí apenada. Sólo éramos cuatro personas en la sala, las cuatro solas: dos hombres (de las características ya citadas), otra chica mayor que yo y yo. Al salir de allí, la otra chica me miró de forma cómplice “no pasa nada por venir sola”; le devolví la mirada.
Salí del cine con la cabeza elevada por encima de las nubes. Una sensación rara entre feliz y confundida. No sé si por la película, por los colores de la misma, por sus cejas, por el frío, por haber ido sola…probablemente un poco por todo. No quise ni poner música porque me estaba encantando ese momento.
Paseé hasta que no pude aguantar más las ganas de un café. Estuve buscando durante mucho tiempo un sitio que no encontré, probablemente porque me lo había inventado, así que entré en otro como sustitutivo del primero que también me gusta mucho. Allí sentada me volví a emocionar mucho, esta vez por lo bien que me trataron, casi me muero de la rabia por no tener un boli y un papel a mano, y comprobé que a la mayoría de las señoras mayores les gusta el bitterkass. Luego fui al baño, al que por lo visto iban a parar todos los humos de la cocina, así que casi vomito del asco por salir de allí con mi ropa apestando a eso.
Me fui y seguí paseando otro rato. En un momento me sentí otra vez tan emocionada por algo, esta vez no sé el qué, que casi se me saltan las lágrimas; aunque al final no lo hicieron.
Todo era demasiado bonito y raro. Toda la tarde ha sido así.

Febrero

Febrero me pide encarecidamente que le escriba todos los días, y yo evito prometerle que lo haré, aunque me gustaría.
Febrero se deja ver poco a poco para que no me dé miedo y se adivina como un mes de recuerdos, como un mes de H.
Febrero se ha llevado algo de frío y me ha traído mucho más de P.
Febrero ha guardado una sonrisa en una cajita y me la ha dejado encima de la mesa. Me ha dicho que se abrirá sola con el tiempo; yo no he podido hacer otra cosa que reirme.

V.

Mi prima vive encima de la oficina del INEM. Hoy aprovechando que tenía que ir, he pasado la mañana con ella.
Al abrirme la puerta me ha hecho gracia comprobar que todos nos ponemos el mismo tipo de ropa para estar en casa.
Mi prima es de esas personas que se lleva bien con casi todo el mundo. De pequeñas pasábamos los meses de verano una en casa de la otra, y periódicamente nos volvíamos hijas adoptivas de nuestros respectivos tíos durante un tiempo. Con ella he conocido a mucha gente y hecho muchísimas cosas. Ahora nos vemos poco, y eso que vivimos demasiado cerca; pero a pesar de eso, al vernos es como si fuéramos atrás en el tiempo; bueno, más o menos…
Hoy me ha dado un montón de fotos de un viaje que hicimos hace casi un año y me ha estado enseñando su trabajo. Su vida ha estado dándome bofetadas toda la mañana.
Hemos estado hablando del futuro y del pasado, y entre humo de tabaco hemos analizado nuestras vidas.
Veo pasar el tiempo sobre sus pantalones y mis playeros, y nos despedimos hasta la próxima vez, que acordamos será pronto.
Nada más, hoy me apetecía hablar de ella aunque sólo fuera un poco.

...

A veces llueve tanto dentro como fuera. Aunque algunos ni siquiera lo noten.

Una vez más: mis miedos

Mi miedo a todo (todo = el mundo y la gente que está dentro) se reafirma cada vez que hago algo que se sale un poco de mi habitual rutina.
Ayer estuve rarísima toda la noche pensando no sé en qué clase de paranoias. Tenía en el estómago esa maraña de nervios que se te metían dentro cuando al día siguiente te ibas a ir de excursión en el colegio, o cuando era la noche de Reyes, o cuando tenías un examen y eso todavía te preocupaba porque querías hacerlo lo mejor posible.
Ya salía bastante nerviosa de casa, pero aun así, el principio de la noche fue muy bien: muy divertido, con mucha risa fácil y muchas bobadas; “me lo voy a pasar bien” pensé; pero fue en el momento de ir a pagar en el primer bar en el que habíamos estado decidiendo que hacer, cuando me entró la histeria y sólo quería irme a casa. Estaba tan acongojada que no pude ni beber un trago de nada en toda la noche. A ratos me encontraba tan mal y tan rara que sólo tenía ganas de vomitar y de que me diera el aire congelado en la cara. Sentía esa angustia en el cuello, la misma que cuando era pequeña y me ponía mala me hacía ser incapaz de tocármelo por el asco que eso me producía.
Por eso me hubiera pasado toda la noche sentada en algún sitio sola, porque así podría evitar cruzarme con nadie.
Quise achacar mi malestar, mis temblores y mi dolor de estómago a algo que había comido, pero fue cuando llegué en taxi y demasiado pronto a casa cuando se confirmó lo que ya sospechaba y había estado intentando negarme toda la noche. Fue entrar por la puerta y ver a mis nervios quedarse fuera, en el portal. Claro, ahora ya no necesitaban joderme la noche; ya no había gente a la que temer, porque mis cuatro paredes me aseguraban el no encontrarme con nadie.
Que sí, que hay que cambiar un poquito y preocuparte más de ti misma, que lo ibas a intentar y todo eso; pero me da la sensación de que no es mi decisión y que contra esto yo no puedo hacer nada y que si existe algo que pueda hacer no tengo ni la menor idea de lo que es, así que agradecería una pequeña ayuda.
No sé lo que me pasa, no entiendo nada. Me siento incómoda conmigo misma y con la gente. Es algo más serio de lo que parece.
Todo esto no es ninguna exageración y sé que puede parecer que no es para tanto, pero para mí sí que lo es, porque me incapacita en bastantes cosas; me obliga a marcharme a casa porque está siendo una noche de lo más angustiante y no me deja disfrutar ni pasármelo bien. Además creo que va en aumento.
Y volví a ver a P., y por más que forcé un encuentro ocular no hubo manera. La gente está demasiado “a lo suyo”. Así que sólo observé con todo detalle para, una vez en casa, empezar a construir cosas. Pero en casa ya no sirve de nada.

Frío

Y...ahí viene...

En lo que me queda de invierno...

Necesito frío. Sin lluvia y sin viento; ah, y sin niebla. Sólo frío seco. A poder ser con sol, siempre y cuando éste no tape al frío. El frío me hace bastante falta ahora. Pero sin lluvia y sin viento; ah, y sin niebla.

...

De un tiempo a esta parte, prácticamente toda mi vida puede resumirse en un "¿y si no lo hago bien?".
Por eso ya ni siquiera lo intento.

Tarde de viernes

Hoy he ido a una entrega de diplomas de mi promoción (en la que, por cierto, he visto a uno de los profesores que más me gustaban y me he emocionado y todo); y cada vez está más claro que he abandonado mis nuevos estudios (sólo me queda aceptarlo del todo), así que por lo visto ya es oficial que soy una Criminóloga en paro :)
También hoy he comido algo de comida basura y me he comprado una agenda preciosa por un euro. La verdad es que es del año 2003 por lo que no la usaré como agenda; pero lo que importa no es la utilidad que le vaya a dar, lo que importa es que me estaba pidiendo a gritos que la comprara. Me encantan este tipo de compras.
Hoy no pasará lo que pasó el viernes pasado, porque estoy demasiado cansada y creo que ni siquiera estoy para emociones; pero no me importa porque tengo música y tengo mi agenda. Así que me quedaré aquí escuchando esa voz y acariciando las tapas rojas de mi nueva adquisición.

Yo, me, mí, conmigo.

Otra vez me voy a la cama con el ánimo por los suelos… porque parece que ya soy la decepción oficial.